Una buena parra en el pueblo para estar a la fresca y un monólogo para hablar de familias, apodos, peñas, comidas modernas, la tele… yo qué sé, de todo un poco.
Porque donde se está bien, te pones a hablar y no paras. Sale de lo urbano, de lo rural, de lo cotidiano y de lo curioso.
Para reírse de despistes propios y comentar esas costumbres raras que todos tenemos.